El viernes 14 de enero de 2011 TVE emitió el primer capítulo de una miniserie sobre el ‘Caso Malaya’ y, precisamente, lo ha hecho en los mismos momentos en los que el proceso se encuentra en pleno apogeo judicial. ¿Casualidad? No, pura estrategia. A pesar de que el guión está basado en la propia investigación, con solo 15 minutos de visionado tuve más que suficiente para valorarla. Mi veredicto: increíble que la televisión pública haya hecho esto. Si hubiera sido Telecinco lo comprendería, pero, ¿TVE?
En primer término, no me parece correcto que la ficción se haya anticipado a la propia sentencia del juez. Y es que, cuando todavía no existe una resolución firme y tampoco se han discutido las pruebas en la audiencia, ya se ha presentando en la pequeña pantalla una reconstrucción de los hechos sobre los que la propia Justicia aún no ha decidido. Esto es, sin duda, un gravísimo peligro, más que nada porque las personas solemos creer todo lo que vemos en la televisión y, en muchas ocasiones, no sabemos diferenciar la ficción de la realidad. De esta manera, que salga la hija de Roca diciéndole a su padre que la lleve en helicóptero a Sevilla, que se presente al juez como al tradicional héroe en su particular cruzada contra la corrupción municipal o que se refleje a la ex alcaldesa, Marisol Yagüe, como una auténtica analfabeta, no ayuda a preservar el respeto por lo judicial o, por lo menos, a que el público mantenga una cierta objetividad sobre lo que en estos momentos se está juzgando.
Con respecto a la calidad de la serie, el guión ha plasmado momentos un tanto surrealistas que, personalmente, dudo que existieran como, por ejemplo, el momento en el que Roca conversa con un tipo sobre negocios turbios delante del cadáver del mismísimo Jesús Gil. A esto se le une la visión desacertada de Marbella y Andalucía en su conjunto. Precisamente, como andaluz de nacimiento que soy, me duele escuchar el acento tan forzado y chabacano que han utilizado los actores y las actrices del reparto. Por mucho empeño que pongan, ellos no hablan andaluz, hablan quizás otra cosa.
En definitiva, un material bajo el sello de la televisión pública del que la propia cadena no debe sentirse muy orgullosa.
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