Ni en las montañas más recónditas, ni apartado de la civilización. Osama Bin Laden vivía en una casa normal y corriente, imagino, riéndose de todos aquellos que lo buscaban sin parar por otros lugares apartados y escondidos sin ningún tipo de éxito. Con una sorprendente e inesperada operación militar, EE.UU finalmente ha dado caza al terrorista más buscado de la historia de la humanidad, aquel que, entre otras barbaridades, asesinó a casi 3.000 personas en los atentados terroristas del 11-S y a alrededor de 200 en el 11-M.
A pesar de eso, la muerte de Bin Laden, a mi entender, ya va de camino a convertirse en un mito ya que son muchas las incógnitas que aún quedan por resolverse, entre otras, si las autoridades de Pakistán conocían o no el verdadero paradero del terrorista y, sobre todo, qué ha sucedido con su cadáver. De hecho, la versión oficial asegura que su cuerpo descansa en el mar pero en esta sociedad dominada por la imagen, la duda está sembrada ante la falta de una prueba fiable.
Precisamente, esa falta de algún documento que acredite que Bin Laden está realmente muerto puede desembocar en diferentes teorías conspiratorias como, por ejemplo, las leyendas que giran en torno a qué sucedió realmente con el cuerpo sin vida de Hitler y que, incluso, hablan de que éste llegó a escapar tan campante de la ofensiva de los aliados contra su cuartel que puso fin a la Segunda Guerra Mundial.
Estoy seguro de que EE.UU, al final, dará un golpe de efecto y se decantará por mostrar alguna imagen que acredite que, efectivamente, Osama Bin Laden está muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario