El argumento de que Irak tenía un programa para fabricar armas de destrucción masiva se convirtió, precisamente, en la principal excusa de EE.UU para invadir este país del suroeste asiático. Hasta el momento habíamos escuchado barbaridades y blasfemias tales como la protagonizada por el ex presidente norteamericano, George W. Bush, quien llegó a afirmar que fue Dios, en sueños, quien le pidió que invadiera el país.
A lo que no estábamos acostumbrados es que los propios instigadores de este capítulo de la historia reciente digan de su propia boca aquello que ya todo sabíamos: que todo fue un vil montaje. 'Curveball', tal y como la propia inteligencia alemana y norteamericana denominaban a Rafid Ahmed Alwan al-Janabi, ha admitido que la existencia de tal programa fue una inventiva fruto exclusivamente de su ingenio. La guerra, si bien sirvió para quitar del poder a un tirano, también se llevó por delante la vida de miles de personas inocentes, de población civil que, sin culpa alguna, pagó el alto precio del escenario bélico propiciado por todos estos señores. El paso de los años ha desmontado una gran mentira. No había nada, solo las ansias de controlar un mundo que, a EE.UU, cada vez le cuesta más dominar.

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