Que en nuestro país se ha instalado un sistema bipartidista, más que una apreciación resulta una realidad. Es cierto que existen fuerzas políticas de todas las clases: de derechas, de izquierdas, nacionalistas, de centro... y así hasta un largo etcétera de partidos que ahora, con la llegada de las elecciones municipales, vuelven a concurrir en busca de obtener el suficiente número de votos como para obtener representación en las instituciones. Pero, sinceramente, ¿quién ha escuchado alguna vez hablar del 'Partido Taurino contra el Maltrato Animal' o el 'Partido Carlista'? Difícilmente estos partidos obtendrán una representación en los medios de comunicación, a pesar de que estos deben garantizar la pluralidad informativa, base de cualquier democracia.
En detrimento, nuestra escena política se ha convertido en una aburrida partida de ajedrez entre PP y PSOE: Rojoy critica a Zapatero, Zapatero se defiende y acaba con un peón de Rajoy a pesar de que éste, sigilosamente, sigue acercándose a la reina en busca del jaque mate.
No existe en España esa 'chispa' de color que pueden dar a una democracia este tipo de partidos. En los medios, prácticamente, solo hay cabida para estas dos fuerzas. Es cierto que son las mayoritarias, y que, en realidad, el ciudadano tiene suficiente diversidad de partidos para elegir, pero ¿hasta que punto es bueno para un país que sus ciudadanos solo encuentren en los medios dos alternativas de voto? Eso se traduce en los resultados de las elecciones de 2007: PP y PSOE 322 escaños. El resto, 28.
En conclusión, el sistema mass-mediático imposibilita el desarrollo de una pluralidad que quizás, en los tiempos que corren, sea más que necesaria.
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